Mortadelo y Filemón: 60 años forjando lectores

Mortadelo y filemón


Recuerdo que le preguntaron hace la tira de años a un jovencísimo Álex de la Iglesia por qué le gustaban Mortadelo y Filemón y él contestó algo así como: no puedo responder a esa pregunta; es como si me preguntaras si me gustan mis pulmones o mi páncreas: no puedo ser objetivo.

Hace sesenta años (¡sesenta!) que este par de catastróficos agentes secretos son la puerta de entrada al mundo de la letra impresa para montones de niños. Por sus páginas han pasado cuatro generaciones de lectores (hijos, padres, abuelos y bisabuelos) que han aprendido a leer, literalmente, con las aventuras de este par de burricalvos. Porque se empieza con Mortadelo, se sigue con Salgari o con Verne, y uno acaba enredado con Kafka o Proust casi sin darse cuenta.

Así es: Mortadelo y Filemón han hecho más por el desarrollo del hábito de la lectura en este país y parte del resto que todas las campañas ministeriales juntas. Si llevan haciendo eso tanto tiempo, seguro que pueden lograr que tus hijos o hijas se conviertan en lectores empedernidos.

Y toda la culpa la tiene este señor:

Mortadelo y filemón
¡Tiene 81 años y sigue dale que te pego a los lápices, el tío!

¿No son Mortadelo y Filemón demasiado violentos? (o sexistas, o lo que sea)


A veces se dice que Mortadelo y Filemón son un retrato de la sociedad española de la segunda mitad del siglo XX. Creo que no es cierto. Mortadelo y Filemón no son un retrato de nada. No tienen ningún subtexto. No hay un mensaje escondido bajo la capa superficial. Son pura diversión. Y eso, como los metales puros en la naturaleza, es muy difícil de encontrar, y muy difícil de hacer.

La aventuras de Mortadelo y Filemón son hiperviolentas y políticamente incorrectas, eso es verdad. Ibáñez se ríe de todo y de todos, empezando por él mismo. Hace mofa y befa de los errores propios y ajenos, de los defectos físicos, de las clases sociales, de las políticas de todo tipo y de instituciones que muchos consideran intocables. A veces es misógino y hasta racista. Pero esas burlas de tebeo no son de verdad. No más de verdad que los porrazos, los chichones y los cuerpos carbonizados.

Me explico: hasta los niños más pequeños (esos que aún no distinguen bien la realidad de la ficción en la televisión o en el cine) se percatan enseguida de que esos cráneos abultados, con planetas y estrellas orbitando alrededor, esos ojos amoratados que desaparecen como por ensalmo o esos personajes enloquecidos que se golpean, se caen insistentemente por las ventanas o se lanzan explosivos o yunques a la cabeza, son de mentira. Nada de lo que ocurre dentro de esas viñetas puede ser serio porque nada tiene consecuencias. Por eso todas las incorrecciones políticas en las que incurren Mortadelo y Filemón son en el fondo tan suaves como un pañuelo de papel.

Eso no quiere decir que algunas bromas no puedan resultar ofensivas. Pueden. De hecho, lo son. Pero dejar de leer a Ibáñez por ofensivo es tan absurdo como no leer a Kipling por racista, a Walter Scott por belicista o a Platón por esclavista. Todos ellos son hijos de su tiempo, y en ese contexto hay que apreciar sus obras. Hacer ver esto a los niños es educar. Y reflexionar juntos sobre los límites lícitos del humor, también.

Si estos detalles de incorrección política te preocupan, razón de más para leer Mortadelo y Filemón en compañía de tus hijos (al menos, mientras ellos quieran). Así podrás explicarles que actitudes que hace medio siglo se consideraban normales hoy son intolerables, o cualquier otra cosa que creas que merezca una explicación. Pero sin ponerte muy pesado, por favor, o le quitarás toda la gracia al asunto.

Mortadelo y filemón

¿Se puede leer Mortadelo y Filemón a los niños pequeños?


¡Por supuesto! Como sabes, aquí siempre defendemos leer con los niños desde edades tempranas hasta la adolescencia (o hasta que te manden a freír espárragos, lo que suceda antes). La lectura compartida de cómics es muy recomendable porque su lenguaje es diferente del de los libros convencionales, y los niños más pequeños necesitarán que se lo expliquemos para que lo entiendan. Si no, pronto se aburrirán de esos libros con tantos dibujos pero tan incomprensibles para ellos.

Eso, para los que aún no sepan leer. Porque los que ya hayan comenzado con la lectoescritura encontrarán en los cómics (al menos, en los cómics de trazo limpio y texto sencillo) un material de primera clase para practicar sus habilidades y disfrutar con ello. Por supuesto, muchos otros cómics pueden hacer la misma función, pero Mortadelo y Filemón han probado su eficacia en tantas ocasiones durante seis décadas que nueve de cada diez lectores adultos recomendarían sin dudarlo.

¿Y los mayores? ¿Debo dejar que sigan leyendo a Mortadelo y Filemón o deberían pasar a cosas más serias?


¿Que qué pasa con los mayores, te preguntas? Pues que ocurrirá ese milagro que esperas: un día, sin que te des cuenta, descubrirás a tu hijo o hija leyendo en un rincón del salón con una concentración que desconocías en él, y cuando te acerques sigilosamente para no romper la magia del momento verás que lo que tiene entre sus manos es tu viejo y manoseado ejemplar de “Magín el mago”.

Deja que los niños mayores lean lo que les dé la gana (dentro de lo que te dicte el sentido común; quizá no sea buena idea dejar a su alcance un ejemplar del Kamasutra). La lectura nunca debería ser algo impuesto. Saltarán a lecturas más exquisitas cuando estén preparados, que no es lo mismo que cuando nosotros, los adultos, pensemos que están preparados. Además, ¿quién ha dicho que Mortadelo y Filemón no son una lectura exquisita? ¿Piensas, como Aristóteles, que la comedia es un arte de segunda división? ¿Quién reparte los carnés de exquisitez en este pueblo?

Un poco de historia


Sesenta años dan para mucho, y el Mortadelo de 1958 no es exactamente el mismo de 2018. Probablemente el Mortadelo que tú conoces es el de la época clásica, de los años 70. Pero hubo un Mortadelo primitivo y también lo hay contemporáneo, y cada uno tiene sus peculiaridades.

Son muchos Mortadelos en uno, y debes conocerlos antes de ofrecérselos a tus hijos. No te apures, que te lo aclaro en este resumen:

El pleistoceno (1958-1961)

Mortadelo y Filemón, agencia de información surgió como una parodia de las historias de detectives clásicas. Filemón era un Sherlock Holmes gruñón y Mortadelo era un doctor Watson ingenuo y botarate que se sacaba los disfraces, literalmente, de una chistera. En aquel entonces, no era más que una de las muchas tiras que componían la revista cómica infantil Pulgarcito de la editorial Bruguera.

Mortadelo y filemón
Comienzo de una de las historietas primigenias de Mortadelo y Filemón


Etapa primitiva (1961-1969)

Habrás visto estas historietas en las páginas finales de los álbumes de la colección Olé. Mortadelo y Filemón siguen trabajando en la Agencia de Información (aún no existe el señor Súper y el doctor Bacterio). Las aventuras ya son a todo color. Las orejas adquieren una curiosa forma en espiral y los personajes son más bajitos que en la actualidad. Han perdido la pipa y los bombines y han bajado a la calle de una ciudad española de los años 60.

Estas historietas son breves y autoconclusivas: un único chiste estirado a lo largo de toda una página. Nuestros héroes suelen investigar algún asunto misterioso que acaba siempre en desastre.

Mortadelo y filemón
Las aventuras de la etapa primitiva se identifican enseguida por la curiosa forma en espiral de las orejas.


Etapa madura clásica (1969-1979)

El éxito de Ibáñez llevó a la editorial Bruguera a encargarle una historia larga, de 44 páginas, al estilo de las de Astérix o Spirou. Se tituló “El sulfato atómico” y todavía hoy en día está considerada como una de las mejores de su autor. Tiene un guión muy cuidado, y está dibujada con un gusto por el detalle que nunca más se repetirá: se nota que Ibáñez se esmeró en ella.

Mortadelo y Filemón ingresan en la TIA, un remedo castizo de la CIA estadounidense. La parodia de las historias de detectives se convierte en parodia de las historias de espías. Aparecen los personajes del señor Súper, el doctor Bacterio y, algo más tarde, la señorita Ofelia.

La presión de la editorial hizo que el dibujante regresara enseguida a su estilo ágil y directo, sin detenerse en florituras. Ibáñez siempre ha comentado, con la ironía que le caracteriza, que le hubiera gustado aprender a dibujar bien. Pero la simplicidad del trazo no está reñida con la calidad de los resultados, y de esta época son gran parte de sus historietas más recordadas: “Safari callejero”, “Contra el gang del chicharrón”, “La máquina del cambiazo”, “La caja de los diez cerrojos”, “Magín el mago”, "Los mercenarios", etc.

Son historias serializadas en capítulos de 4, 6 u 8 páginas, por lo que resultan muy adecuadas para que los niños las lean de un tirón o se tomen un descanso entre capítulo y capítulo. El humor es muy blanco (hiperviolencia de tebeo a parte) y los diálogos están muy bien escritos, por lo que constituyen una forma genial y más que probada de introducir en la lectura a los más pequeños.

Mortadelo y filemón
Fragmento de "Los mercenarios" (1974), una de las primeras historias largas donde la personalidad definitiva de los dos agentes ya estaba claramente perfilada.


Etapa madura moderna (1979-1985)

Al filo de los años 80, el estilo de Ibáñez sufre otra transformación: las historias pasan de 5 hileras de viñetas a 4. Por lo tanto, hay menos viñetas por página, pero se hacen más detalladas. Los personajes se estilizan y empiezan a aparecer referencias más adultas (como caricaturas de políticos o personajes famosos de la época). Los gags se vuelven más salvajes y enloquecidos. Aún así, el humor sigue siendo muy blanco.

En mi opinión, es en este periodo cuando Ibáñez alcanza la perfección en su oficio. Aquí encontramos algunas de mis álbumes preferidos: “Olimpiada 1980”, “Secuestro aéreo”, “La gente de Vicente”, “El cochecito leré”, “Los kilociclos asesinos”, “En Alemania”, etc.

Mortadelo y filemón
Fragmento de "El cochecito leré" (1985): perfección en el trazo y acción enloquecida.


Los años negros (1986-1991)

La editorial Bruguera quebró. Como tenía en propiedad exclusiva los derechos de Mortadelo y Filemón (sus condiciones de trabajo abusivas ya son parte de la mitología de la historieta en España), Ibáñez no podía dibujarlos para otra editorial. Pasó algunos años creando nuevos personajes para Grijalbo hasta que Ediciones B compró el fondo editorial de Bruguera y llegó a un acuerdo con Ibáñez.

Sin embargo, algo turbio debió pasar porque, durante varios años, aparecieron en el mercado historietas de Mortadelo y Filemón apócrifas, indignas de Ibáñez, de calidad dudosa tanto en guiones como en grafía, como “El gran sarao” o “El profeta Jeremías”.

Etapa actual (1992-actualidad)

Por suerte esa época no duró demasiado, e Ibáñez recuperó el pulso en 1992 con “El quinto centenario”. A partir de ahí, Mortadelo y Filemón se han visto envueltos una y otra vez en asuntos de actualidad, el lenguaje se ha vuelto más soez y los gags más escatológicos. Nunca demasiado, es cierto, pero debes tenerlo en cuenta si tus hijos son muy pequeños o los chistes sobre cacas y culos suponen algún problema para ti.

También se institucionaliza una costumbre que había empezado en la última etapa de Bruguera: introducir pequeñas bromas en casi cualquier resquicio de la viñetas: berenjenas que crecen en las sillas, edificios con sombrero, arañas con pistolas… Son detalles que a los niños (y no tan niños) les hacen mucha gracia y les gusta descubrir.

Mortadelo y filemón
Con "El quinto centenario" (1992) Ibáñez recuperó por fin el pulso creativo tras la crisis de Bruguera.

¿Y por dónde empiezo?


Supongamos que quieres ofrecer (recuerda: siempre ofrecer, nunca obligar) un Mortadelo a tu hijo o hija para introducirlo en su lectura. ¿Por dónde es mejor empezar?

A mí, como he dicho, me encantan las historias de principios de los 80, pero la mayoría de los aficionados te diría que las historietas arquetípicas de Mortadelo y Filemón son las de los años 70. El grafismo es más simple y el lenguaje menos rebuscado, así que probablemente es buena idea empezar por ahí.

Después, por supuesto, deja que sea tu hijo o hija quien decida. Si se engancha a Mortadelo y Filemón no tardará en hacerlo. Tener a mano el estupendo libro conmemorativo “El gran libro de Mortadelo y Filemón. 60 aniversario” para hojearlo juntos puede ser una gran ayuda, porque ofrece una visión de conjunto muy interesante de este fenómeno editorial y cultural.



Ahora tengo que dejarte. En el cuarto de baño me espera un Mortadelo que aún no he leído. Porque tú y yo sabemos que en el inodoro se han forjado incontables hábitos de lectura, ¿a que sí? ¡Ah, qué escena tan mortadeliana!

¿Cuál es tu Mortadelo preferido?


¿Cuál es tu aventura de Mortadelo y Filemón preferida? ¿Tú también te iniciaste en la lectura con los inmortales personajes de Ibáñez? Cuéntanoslo en los comentarios y lo hablamos.



Créditos de las imágenes

(1) Francisco Ibáñez, por 20 Minutos [CC BY-SA 2.1], vía Wikimedia Commons;

(2) Mortadelo y Filemón por la calle, por Ferran Cornellà (trabajo propio) [CC-BY-SA 4.0], vía Wikimedia Commons

Los fragmentos de historietas son propiedad de Francisco Ibáñez Talavera y de sus editores. Se han reproducido en baja calidad aquí dentro de los términos del fair use o uso razonable.

La imagen de la cabecera es mía y puede usarse en los mismos términos que el resto del material del blog.







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Comentarios

  1. ¡Magnífico artículo! Para no extenderme: Mi Mortadelo y Filemón preferido es "El Sulfato Atómico". Quizás porque muestra sus posibilidades gráficas. Por cierto que lo cuidó más porque intentó cambiar de mercado (al alemán), tal y como estaban las cosas por aquí. Te animo a que estudies la posibilidad de hacer lo mismo con "Superlópez". Compañero de viaje de Ibáñez durante un buen tiempo, se sitúa en el otro vértice, el de la denuncia social (a partir de que dejaran "volar" solo a Jan). ¡Enhorabuena!

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  2. A. M. Vozmediano11/23/2017

    "El sulfato atómico" es estupendo. También "Valor y... ¡al toro!" está dibujado con más esmero de lo habitual. Lo que no sabía es que lo había hecho para adaptarse al mercado alemán. En cuanto a "Superlópez", tomo nota de tu sugerencia, porque también me encanta. "Los cabecicubos" me parece soberbia, con un mensaje de fondo poco habitual en este tipo de literatura, y creo que nunca me he reído tanto con un cómic como al final de "La gran superproducción". ¡Gracias por comentar!

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  3. Mi abuelo me regaló mi primer mortadelo con 8 años. A esa edad yo ya leía libros infantiles, de la mítica colección de barco de vapor, pero fue aquel mortadelo el que me convirtió en una ávida lectora, dispuesta a devorar cualquier cosa que cayera en sus manos. A día de hoy, con 40 tacos, mi colección de mortadelos es mi mayor tesoro. Me río igual o más que de niña con sus chistes y aventuras y me encantaría que mis hijas los disfrutaran tanto como yo. En cuanto a mi número favorito... Uffff, no sabría cuál elegir! Quizá la maquina del cambiazo, o magín el mago....
    Gracias por el post!

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  4. A. M. Vozmediano11/25/2017

    Mucha gente me cuenta historias semejantes a la tuya. Por eso, a falta de estadísticas oficiales, digo que Ibáñez ha debido tener una influencia enorme en la formación del hábito lector de las últimas generaciones. Puede que en este país se lea poco (algo, en todo caso, discutible), pero se leería menos aún si no existieran los mortadelos.

    ¡Gracias por compartir tu experiencia!

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  5. […] loco de los de ponerse un embudo como gorro (¡Cuánto aportó en la construcción de clichés Mortadelo y Filemón!). Pero su pasión por la ciencia y su capacidad para desafiar las leyes universales, le llevó […]

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  6. Soy admirador absoluto de Francisco Ibáñez y atesoro toda su obra de historietas largas, son una obra capital del tebeo español contemporáneo. Enhorabuena por el artículo. Sigo leyendo Mortadelo, de hecho estoy haciendo unos pequeños compendios con "secundarios de lujo" y nombres locos historia a historia, llevo sólo 10 y ya me salen cientos.... hablamos de miles y miles de personajes, miles de calles divertidas, cientos de cuadros, barcos, grupos mafiosos, instituciones con nombres surrealistas.... no hay mejor caldo creativo que este universo brutal que es Mortadelo y Filemón.... tampoco Sacarino, Gotera y Otilio, 13 Rue, Rompetechos, se quedan a la zaga.... enhorabuena por el artículo

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    1. Es un placer tener aquí a un entusiasta de su calibre, Antonio. Los compendios de nombres alocados "made in Ibáñez" sin duda serán dignos de leer.

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