8 sagas de películas juveniles que nacieron de éxitos literarios


Cualquiera que no pertenezca a la generación posmilenial se pierde con facilidad en este océano de sagas de películas juveniles que nacieron de la literatura young adult: Divergente, Los juegos del hambre, El corredor del laberinto... ¿Por dónde empezar?

¿Eres un viejuno o viejuna de la generación X, esa que se crió visitando el videoclub de la esquina, y tienes curiosidad por hincarle el diente a alguna de estas sagas pero no sabes por cuál decidirte?

¿O tal vez tienes hijos adolescentes o preadolescentes y buscas una saga de libros y/o películas que les puedan interesar pero no tienes ni idea de por dónde van los tiros?

Si tu caso es cualquiera de esos dos, estás leyendo el artículo correcto. Te contaré cuáles son algunas de las sagas de películas juveniles más populares de los últimos años, de qué libros proceden, qué puedes esperar de ellas y cuál ha sido su recepción en todo el mundo.

La selección, por supuesto, es subjetiva, y solo hablaré de los libros y películas que conozco, pero te servirá como introducción al fascinante mundo de la literatura y el cine juvenil actuales.

¿Preparado? ¿Preparada? Pues bien, empecemos por el principio de todo.

Harry Potter

Sí, en efecto: las sagas de películas juveniles modernas nacieron con Harry Potter, de J. K. Rowling. Ponte en situación: en los años ochenta y noventa, el prototipo de libro infantil o juvenil de gran éxito en España era Fray Perico y su borrico, lectura obligatoria en muchísimos colegios (y no tengo nada contra Juan Muñoz Martín, que conste).

Y entonces descubrimos que los jóvenes podían leer por placer, no por obligación. Y no leer cualquier cosa, sino libracos densos y enrevesados de ochocientas páginas.

La saga de Harry Potter abarca siete libros (publicados entre 1997 y 2007) y ocho películas (estrenadas entre 2001 y 2011), puesto que el último libro fue dividido, con una clarividencia envidiable por parte de los productores, en dos películas.

Después del inesperado éxito de Harry Potter y la piedra filosofal, el primer libro publicado en 1997, cada nueva entrega era esperada por los seguidores como la bajada de Moisés del monte Sinaí. Los que tenemos cierta edad recordaremos las espeluznantes imágenes de jóvenes y no tan jóvenes haciendo cola, la noche anterior al lanzamiento, en la puerta de las librerías para hacerse con uno de los primeros ejemplares a la venta de cada nueva entrega.

¿Te das cuenta? ¡Jóvenes haciendo cola en la puerta de una librería! ¡De una librería!

El mundo se había vuelto loco.
Estos son los responsables de la locura juvenil colectiva, en una de las cientos de ediciones que andan circulando por ahí. 

Harry Potter no necesita presentación, pero, por si aún queda algún extraterrestre que no sepa de qué va el asunto, se trata de lo siguiente: existe un universo mágico paralelo que convive con el nuestro sin que nos demos cuenta, un universo poblado por magos, elfos, hombres lobo, gigantes y otras criaturas fantásticas con sus propias reglas, mitos y leyendas. Es un universo al mismo tiempo luminoso y oscuro, donde un siniestro caudillo trata de imponer el supremacismo de los magos sobre el resto del mundo.

Vamos, como la vida misma. Porque, en efecto, en Harry Potter la lectura metafórica es diáfana. Esa es la principal razón por la que consigue la proeza de hipnotizar por igual a niños y adultos: los pequeños se quedan atrapados en la parte aventurera y los mayores juegan a descubrir los mensajes ocultos.

Los tres primeros libros, La piedra filosofal, La cámara secreta y El prisionero de Azkabán, son notablemente más breves que el resto. A partir de El prisionero de Azkabán, la trama se hace más enrevesada y adulta, coincidiendo con el crecimiento de sus protagonistas.

Las películas de la saga de Harry Potter son adaptaciones desiguales, aunque, para tratarse de un fenómeno tan aclamado, han logrado un consenso en general positivo de crítica y público muy difícil de alcanzar. Las dos primeras, La piedra filosofal y La cámara secreta, resultan bastante fieles al texto literario. La tercera, El prisionero de Azkabán, dirigida ni más ni menos que por Alfonso Cuarón (Gravity, Roma) se aleja del libro en muchos detalles pero es considerada por muchos (incluyendo a J. K. Rowling) la mejor película de la serie.

A partir de El cáliz de fuego, las diferencias con los libros se hacen mucho más notorias, generando división de opiniones. El cambio de gran parte del equipo técnico y artístico en la siguiente, La orden del Fénix, la convirtió en la película más controvertida de todas. El príncipe mestizo supuso un estimable paréntesis que preparaba al espectador para el grandioso final, dividido en dos partes, Las reliquias de la muerte partes 1 y 2, los episodios más intimistas y más glandilocuentes, respectivamente, de toda la serie.

La verdad: si eres de los pocos que aún no han leído a Harry Potter ni han visto las películas, te envidio. En serio. Porque podrás disfrutarlo por primera vez.

A una generación completa de jovenzuelos se les ponen los pelos como escarpias solo de ver estos carteles.

Percy Jackson y los dioses del Olimpo

A comienzos del siglo XXI, los editores de todo el mundo andaban como locos buscando al nuevo Harry Potter, esto es, algún otro fenómeno literario comparable al de Bloomsbury que incrementanse sus beneficios en varios órdenes de magnitud.

Las claves del género juvenil se habían reescrito: los niños y jóvenes querían leer por placer. Como los adultos, vaya.

Después de Harry Potter, la fórmula infalible del éxito parecía ser esta: crear un universo ficticio, más o menos elaborado, que conviva con el nuestro; meter en él a un héroe protagonista de la edad del lector objetivo y a un villano siniestro que quiere conquistarlo; rodearlo de personajes arquetípicos y sazonarlo con una pizca de humor, una pizca de terror y otra pizca de romance, sobre un lecho de acción y aventuras; y escribir con ese batiburrillo una saga interminable donde los personajes madurasen de un libro a otro.

Muchos han intentado cocinar esta receta y ninguno lo ha conseguido del todo, porque el fenómeno de Harry Potter es, sencillamente, irrepetible. Pero Percy Jackson ha estado cerca de lograrlo.
Los cinco libros originales de "Percy Jackson y los dioses olímpicos" en sus ediciones anglosajonas.


Percy Jackson es un semidiós. Así, directamente. O un mestizo, como se denominan a sí mismos, porque es hijo de una humana y un dios del Olimpo (no te digo de cuál para no hacer un spoiler). En el universo de Percy Jackson, los antiguos dioses griegos no solo son reales, sino que siguen vivitos y coleando, y los monstruos de las leyendas, por supuesto, también. Como ese malvado titán que quiere acabar con el mundo tal y como lo conocemos.

Percy Jackson se ha convertido en una jugosa franquicia de libros para jóvenes, e incluso ha logrado la proeza de hacer que esos mismos jóvenes se interesen por la cultura clásica como ningún plan de estudios de humanidades ha logrado antes. Eso sí que es una heroicidad.

Los libros originales de Percy Jackson son cinco. Resultan, en comparación, más breves y mucho más livianos que los de Harry Potter. Hay más humor grueso y hay más acción pura y dura, los personajes son más planos, y las tramas más previsibles. Pero eso no le resta mérito a Percy Jackson. Solo lo hace distinto, porque Harry Potter es irrepetible. ¿Lo había dicho ya?

En realidad, existen dos series de libros donde aparece Percy Jackson. Percy Jackson y los dioses del Olimpo es la saga original, compuesta por los títulos El ladrón del rayo, El mar de los monstruos, La maldición del titánLa batalla del laberinto y El último héroe del Olimpo. En esta serie, el propio Percy Jackson narra la historia en primera persona, con un ritmo trepidante, un lenguaje asequible y bastante sentido del humor.

La siguiente serie, Los héroes del Olimpo, nos presenta a un Percy Jackson mucho más maduro como uno más de una pléyade de héroes y heroinas que comparten protagonismo con él. Son libros más largos, con tramas y lenguaje más elaborado, con representación de muchas minorías (hispanos, orientales, afroamericanos...) y una apuesta decidida por la igualdad de género, e incluso un personaje principal homosexual. En esta segunda serie, además, se funden la mitología romana y griega.

Los dos primeros libros de Los dioses del Olimpo se convirtieron en películas, El ladrón del rayo y El mar de los monstruos, con la clara y saludable intención de iniciar una saga de películas juveniles que arrasara las taquillas de medio mundo. Pero a los responsables les salió el tiro por la culata.

Los guionistas y productores decidieron, vete a saber por qué, realizar cambios extravagantes e incomprensibles en las historias originales, e incluso se cambió la edad de los personajes. La primera película supuso un éxito modesto, y la segunda apenas recuperó lo invertido, de modo que los productores decidieron dedicarse a otra cosa. El resultado fueron dos curiosidades tan entretenidas como fáciles de olvidar.

Las dos películas protagonizadas por Logan Lerman como Percy Jackson no lograron encontrar el tono justo entre el humor y la épica, pero aún así resultan terriblemente entretenidas.

Cazadores de sombras

Cazadores de sombras es una saga que despierta por igual pasiones y risitas condescendientes. Las innumerables novelas escritas por Cassandra Clare, más el puñado de cuentos, novelas breves o antologías que han surgido alrededor cual spin-offs enloquecidos, son idolatradas por unos y dignas de arder en la hoguera según otros.

La cosa comenzó con Ciudad de hueso, una novela publicada en 2007 que relata las aventuras de Clary Fray, una adolescente que descubre que es una cazadora de sombras destinada a combatir a las fuerzas del mal. Se establecen aquí las coordenadas de un mundo fantástico que, oh sorpresa, convive con el nuestro sin que los mortales nos demos cuenta, un mundo en el que los cazadores de sombras nos protegen de los demonios y donde existen razas fantásticas de todo tipo pululando por ahí, como brujos, hombres lobo o vampiros.

El éxito de la propuesta fue tal que Cassandra Clare se lanzó con frenesí a escribir más libros basados en su universo. Solo la primera saga, conocida en España como Cazadores de sombras aunque su título original era The Mortal Instruments, constó de seis libros (Ciudad de hueso, Ciudad de ceniza, Ciudad de cristal, Ciudad de los ángeles caídos, Ciudad de las almas perdidas y Ciudad del fuego celestial).

Aquí los tienes: los seis libros de "The mortal instruments juntitos". Las cubiertas dicen mucho acerca de ellos.

Se da la circunstancia de que Cassandra Clare proviene del mundo del fanfiction, esto es, de las ficciones escritas por aficionados a partir de personajes, libros y películas de otros autores, donde lo principal, como en las viejas novelas de a peseta, suele ser la cantidad por encima de la calidad. De hecho, Clare alcanzó bastante fama en el mundillo del fanfiction con una biografía sobre Draco Malfoy, el personaje de J. K. Rowling.

No es casualidad, entonces, que sea tan fácil encontrar paralelismos entre personajes y situaciones de Cazadores de sombras y Harry Potter, ni tampoco con otras obras archiconocidas de la cultura popular, desde Star Wars o El señor de los anillos hasta Buffy la cazavampiros.

Más allá de los clichés (¡ese dichoso triángulo amoroso!), Cazadores de sombras o, al menos, Ciudad de hueso, que es el único título que he tenido ocasión de leer por el momento, está sorprendentemente bien escrito. Se nota que es obra de una fan hecha para el uso y disfrute de otros fanes, y que Cassandra Clare posee un indudable talento para el pastiche kistch, el cóctel desprejuiciado y el sentido del espectáculo, todo ello con una desvergüenza de lo más refrescante. Lo peor que se puede decir de Cazadores de sombras es que se toma, para mi gusto, demasiado en serio a sí mismo.

La adaptación cinematográfica es otra historia. Lejos de dar inicio a una saga de películas juveniles de éxito, como sin duda se pretendía, la película primigenia, Ciudad de hueso, dirigida en 2013 por Harald Zwart, despierta una opinión casi unánime en todo el mundo: es mala de premio.

Aunque técnicamente resulte irreprochable, el guión no tiene ni pies ni cabeza y hay momentos de auténtica comedia involuntaria. El desastre en taquilla propició que nunca se rodase una secuela. Mejor suerte corrió la serie de televisión que comenzó a emitirse en 2016 a través de ABC y Netflix y que ha aguantado durante tres temporadas, hasta el recientísimo anuncio de su cancelación en la primavera de 2019.
A la izquierda, el cartel de la película. A la derecha, el de la serie de televisión. La chica pelirroja es Clary.

Divergente

Veronica Roth, una joven autora inédita en ese momento, revolucionó las listas de ventas en 2011 con una novela titulada Divergente, que constituyó el comienzo a una trilogía que ha cautivado a millones de jóvenes por todo el mundo.

Divergente cuenta la historia de Tris, una joven atrapada en la ciudad de Chicago en un futuro distópico en el que, tras una guerra de origen incierto que ha devastado el planeta, los supervivientes se refugian tras un muro infranqueable y han encontrado el equilibrio social dividiendo a la población en cinco castas o facciones denominadas Cordialidad, Erudición, Verdad, Abnegación y Osadía.

Tris, por supuesto, es una divergente: su personalidad se resiste al encasillamiento. Encaja en todas las facciones y, al mismo tiempo, no encaja a ninguna. Los divergentes como Tris suponen un peligro para el equilibrio de poderes y son temidos y exterminados por los gobernantes de Chicago.

Nuestra intrépida protagonista termina por enrolarse en Osadía. Allí aprende a luchar y conoce tanto a enemigos como a aliados de cara al conflicto que se avecina porque, de hecho, el sistema de facciones está a punto de desmoronarse y la realidad de lo que hay más allá de los muros de la ciudad se descubrirá por fin.

Divergente y sus continuaciones, Insurgente y Leal, huyen de las implicaciones más profundas que podría haber tenido la historia (y, ojo, esto no es necesariamente algo malo) para recrearse en las peripecias personales y en las turbaciones psicológicas de la protagonista, un personaje complejo y muy interesante. La historia, como es casi tradición en las modernas distopías juveniles, está narrada en primera persona, con un ritmo rápido y directo, lo que la hace muy adictiva. Veronica Roth, además, demuestra estar a la altura de las circunstancias cuando tiene que resolver los enigmas al final de su trilogía.

Esta es la trilogía de Veronica Roth. Falta "Cuatro", un libro de historias cortas surgido para estirar el éxito apabullante de la saga y que funciona como precuela de "Divergente".

Divergente se adaptó al cine en una saga de películas juveniles de resultados desiguales. La primera película, dirigida por Neil Burger (El ilusionista) y guionizada por la propia Roth, puede que no vaya a pasar a la historia del cine, pero es un producto digno y técnicamente irreprochable. La adaptación de Insurgente, con un cambio de nombres en la dirección y el guión, incurrió en más riesgos y, a juicio de muchos, salió mal parada en casi todos ellos, aunque sigue siendo una película resultona.

El verdadero desastre se produjo en la adaptación de Leal, el final de la trilogía. Los productores trataron de repetir la jugada que había funcionado tan bien con Harry Potter o Los juegos del hambre, esto es, dividir el último libro en dos películas. El resultado fue Leal, una historia con evidentes síntomas de mutilación que supuso un batacazo en la taquilla y provocó que la continuación (e incluso una posible serie de televisión que se había planeado como spin-off) nunca llegara a rodarse.

Los carteles originales de las tres películas, incluyendo el de "Leal", una demostración palpable de que la avaricia rompe el saco.

Crepúsculo

Amada u odiada. Parece no existir un término medio en las pasiones, nunca mejor dicho, que esta saga literaria, y las adaptaciones cinematográficas correspondientes, despiertan entre el público.

La cosa va lo de lo que sigue: una jovenzuela llamada Bella Swan se muda a un pueblo del estado de Washington donde nunca para de llover y allí conoce a los Cullen, una misteriosa familia cuyos miembros parecen salidos de un concurso de belleza, y se siente atraída por Edward Cullen quien, mira tú por donde, asiste a su misma clase en el instituto.

La atracción, como suele suceder en estos casos, es mutua, y cuando la hormonada pareja se enamora en plan fatídico nada puede impedirles estar juntos, ni siquiera el pequeño detalle de que Edward sea un vampiro sediento de sangre o de que Jacob, otro pretendiente de Bella, sea miembro de un reconocido clan de licántropos de la zona.

Crepúsculo no solo nos cuenta cómo Bella y Edward se enamoran, cómo ella lo arriesga todo por estar junto a él, como él se sobrepone a su sed de sangre para no hacerle daño a ella, sino que tiene tiempo de meter a Bella en un grave apuro con otro vampiro que andaba de visita por la zona y que está a punto de zampársela.

En las siguientes entregas de la serie, tituladas Luna nueva, Eclipse y Amanecer, la trama continúa enredándose entre almibaradas escenas melodramáticas, disputas entre clanes vampíricos y arrebatos de sed de alguno de los Cullen o de otros de los muchos vampiros que, en el universo de Crepúsculo, pululan por el mundo sin que nos hayamos enterado.

La tetralogía de Stephenie Meyer con las intrigantes cubiertas que también se utilizaron para la edición española. 

El verdadero problema (o no: eso lo decides tú) de Crepúsculo, tanto de los libros como de las películas, no es el exceso de azúcar, el dramatismo de opereta o las escenas de comedia involuntaria, sino su claro posicionamiento ideológico: es una historia furibundamente antifeminista.

La creencias religiosas de la autora, Stephenie Meyer, impregnan toda la historia de una moralidad abiertamente conservadora. Insisto, esto no es una crítica, sino una constatación, y que cada lector decida qué quiere hacer con esta información.

Las elecciones ideológicas de Meyer, para que te hagas una idea de a qué me refiero, son:
  • Nada de sexo antes del matrimonio.
  • El aborto no es una opción, ni siquiera cuando se sabe a ciencia cierta que la vida de la madre corre grave peligro.
  • El papel principal de la mujer es amar a su pareja (del sexo opuesto, a ser posible) y criar a sus hijos.
  • Las mujeres deben ser protegidas por los varones. Una y otra vez.
  • Las mujeres deben renunciar a todo por amor: a sus amigas, a sus estudios, a su familia...
  • Las mujeres deben permanecer con sus parejas aunque estas sean posesivas y objetivamente peligrosas, hasta el extremo de que su vida peligre en su compañía.
No es de extrañar que muchas voces por todo el mundo hayan dado la voz de alarma ante el éxito descomunal de Crepúsculo entre el público adolescente, sobre todo femenino, ¿no te parece? Porque el éxito tanto de las novelas como de las películas ha sido descomunal y planetario.

En mi opinión, es mucho mejor informar que prohibir. Prefiero leer o ver Crepúsculo en compañía de mis hijas, y luego tal vez echarnos unas risas a costa de la actitud de la pobre Bella Swan, que convertirlo en un libro prohibido de esos que te mueres de ganas por leer a escondidas.

Por lo demás, hay que reconocer que las novelas de la saga Crepúsculo está escritas con oficio, y que para su público objetivo deben resultar endiabladamente adictivas.

La primera película, dirigida por Catherine Hardwicke (Thirteen) en 2008, tuvo un presupuesto muy ajustado y una recaudación astronómica. Eso tuvo dos consecuencias: unas escenas de acción que provocan la hilaridad generalizada y un engrosamiento notable de las cuentas de resultados de los productores.

Para las continuaciones, el presupuesto se incrementó en consonancia con el éxito de la propuesta. La última novela, como en el caso de Harry Potter, se dividió en dos películas dirigidas por un tipo prestigioso como Bill Condon (Dreamgirls), que fueron un innegable éxito en taquilla.

No son películas que puedan gustar a todos los públicos, ojo, pero hay que reconocerles su solvencia técnica (incluso a la primera, dentro de sus limitaciones presupuestarias) y su capacidad para la creación de iconos populares modernos, a lo que contribuyeron las atormentadas interpretaciones de Kristen Stewart y Robert Pattinson, obviamente elecciones perfectas para los papeles de Bella y Edward.

Las cinco películas, en sus ediciones para el mercado doméstico.

Legados de Lorien

La saga Los legados de Lorien, escrita por Pittacus Lore (pseudónimo del equipo formado por James Frey y Jobie Hughes), está formada por siete novelas (¡de momento!) que relatan las peripecias de un grupo de nueve extraterrestres refugiados en la Tierra que son acosados por unos alienígenas supermalvados (los mogadorianos) que los persiguen con el edificante fin de exterminarlos.

Se da la circunstancia adicional de que estos nueve alienígenas refugiados tienen el aspecto de adolescentes humanos normales y corrientes (bueno, tal vez más guapetones que la media), aunque poseen poderes extraordinarios destinados a salvar su planeta de origen, Lorien, de los temibles mogadorianos. Como Lorien fue destruido cuando eran niños, se han refugiado en la Tierra, a la que consideran ahora su hogar, a la espera de que sus poderes se desarrollen y puedan hacer frente a sus enemigos.

Solo puedo hablarte del primer título de la saga, Soy el número cuatro, porque es el único que he leído por el momento, aunque supongo que sus continuaciones irán por el mismo camino. Se trata más de un relato de iniciación de un superhéroe que de ciencia ficción pura, de una historia de aventuras clásica y bastante esquemática, escrita sin complicaciones, que nunca se detiene en consideraciones más profundas. Esto decir, Soy el número cuatro es puro entretenimiento.

Ojo, que eso no me parece mal. Al contrario. El entretenimiento es algo dificilísimo de hacer bien, por mucho que algunos se empeñen en denostarlo, y es tan antiguo como la propia humanidad. Me quito el sombrero ante los autores que son capaces de mantenerte pegado a las páginas de un libro o a las imágenes de una película durante varias horas contándote una historia de evasión y haciendo que, durante un rato, te olvides de todo lo demás. Y eso es exactamente lo que consigue Pittacus Lore, sin alardes formales ni argumentales, en Soy el número cuatro.

Cubiertas de las ediciones en castellano de Legados de Lorien publicadas por RBA.

Esta novela se convirtió en una película homónima de pasable éxito en 2011. La película se comparó repetidamente con Crepúsculo, supongo que por una de esas asociaciones mentales incomprensibles que alguien hizo en un momento de pereza y que otros se dedicaron a copiar y pegar irreflexivamente. Lo cierto es que Soy el número cuatro y Crepúsculo se parecen tanto como un huevo de gallina y un testículo de mandril.

La adaptación cinematográfica, dirigida por D. J. Caruso (Disturbia), es bastante competente siempre que no le pidas peras al olmo. Mantiene el interés durante dos horas, está razonablemente bien interpretada y cumple en el apartado técnico. Punto. Hace años que se rumorea con una posible continuación, pero los modestos resultados en taquilla parecen que han enfriado los ánimos de sus productores, Steven Spielberg y Michael Bay.

El cartel de la película, con Cuatro en clara pose de superhéroe a punto de repartir estopa.

El corredor del laberinto

Esta trilogía escrita por el estadounidense James Dasher está formada por los libros El corredor del laberinto, Las pruebas y La cura mortal, además de una precuela publicada con posterioridad y titulada El destello.

Se trata (otra vez) de una distopía futurista escrita en presente de indicativo en la que un grupo de jóvenes debe sobrevivir en un mundo devastado. En esta ocasión, la catástrofe la ha provocado un virus mortífero con el que estos supervivientes tienen una peculiar relación que no desvelaré aquí para no hacer ningún spoiler.

El corredor del laberinto es, a pesar de las apariencias, una propuesta bastante original. Tal vez el laberinto siniestro poblado de monstruos sea una idea antigua, vale, pero no se prodiga mucho en la literatura reciente. Además, Dasher maneja muy bien el mecanismo de la intriga, borrando la memoria de sus personajes y obligándoles a sobrevivir según sus propias reglas mientras tratan de averiguar qué demonios está pasando. Por eso el El corredor recuerda de forma inevitable a El señor de las moscas además de a Los juegos del hambre o Divergente.

Este es el aspecto de la trilogía original de James Dasher

Las dos secuelas cambian radicalmente de escenario, lo cual no gustó a todos los seguidores. Conforme se va desvelando el misterio, El corredor del laberinto se convierte poco a poco en una peripecia más convencional con buenos y malos, y pasa a ser menos El señor de las moscas y más una historia de apocalipsis zombie. Aún así, Dasher sigue manteniendo un ritmo trepidante donde la acción continua no da un respiro al lector.

Las adaptaciones cinematográficas, con presupuestos modestos y recaudaciones bastante buenas, han dado lugar a una de las sagas de películas juveniles recientes más consistentes y oscuras.

Probablemente se han beneficiado de conservar a su equipo técnico y artístico a lo largo de las tres películas, logrando una trilogía cohesionada y bien resuelta. Eso sí, tanto en tensión como en truculencia están un escalón por encima de cualquier otra película mencionada en este artículo, así que, si piensas ver estas películas con tus hijos, asegúrate antes de que tengan la madurez suficiente para que no sufran pesadillas durante un mes.

La cartelería de las tres películas destaca el aspecto más aventurero de la historia, olvidándose del ambiente siniestro.

Los juegos del hambre

Muchos comparan Los juegos del hambre con Divergente y con El corredor del laberinto. Y, por supuesto, todas ellas con El señor de las moscas. Lo cierto es que son historias con algunos elementos en común: protagonistas adolescentes metidos en problemas más grandes que ellos mismos, ambientación distópica, acción y aventuras, pruebas de madurez, triángulo amoroso... Pero es justo reconocerlo: Los juegos del hambre fue la primera distopía moderna que utilizó esa premisa y, probablemente, la mejor.

La trilogía escrita por Suzanne Collins no intenta jugar en la misma división que Harry Potter, sino que tiene el valor de crear su propia mitología. Y lo consigue. Además, Collins es capaz de hacer algo muy difícil de encontrar en la literatura juvenil: crear personajes complejos, que evolucionan de forma creíble a lo largo de la trama. La memorable protagonista de Los juegos del hambre es uno de ellos.

Ediciones originales de las tres novelas de la trilogía, con el mítico sinsajo poniendo posturitas.
¿De qué va la cosa? Bueno, digamos que los Estados Unidos ya no existen. Una nebulosa guerra del pasado los arrasó, diezmando a la población, y de las ruinas surgió Panem, un estado totalitario controlado desde el Capitolio y dividido en doce distritos especializados en diversos tipos de trabajos.

Todos los años, el Capitolio obliga a cada distrito a entregar a dos jóvenes para hacerlos competir en un cruel divertimento, una mezcla de circo romano y reality show: los encierran en un lugar desconocido y lleno de trampas, les proporcionan unas cuantas armas y algunos artículos de supervivencia, y hala, a matarse unos a otros mientras los espectadores de todo Panem lo ven en directo por la tele. El sueño húmedo de los productores de Supervivientes.

La elección de los tributos se realiza al azar, pero, cuando sale del bombo el nombre de la hermana pequeña de la protagonista, allá se va nuestra intrépida heroína a ofrecerse en su lugar, sin saber que, antes de que terminen los juegos de ese año, se habrá convertido sin pretenderlo en el símbolo y la cabecilla de una rebelión contra la tiranía.

Los juegos del hambre no tiene reparos en fajarse con las implicaciones políticas y sociales de su universo, y habla a los lectores sin tapujos acerca de la democracia, el militarismo, la manipulación política, el control de los medios de comunicación o las consecuencias del uso de la violencia, y se termina convirtiendo, en un final tan anticlimático como inolvidable, en un feroz alegato antibelicista.

Y todo ello mientras nos mantiene aferrados a sus páginas con un ritmo vertiginoso y que es capaz de sacar petróleo del dificilísimo recurso de escribir en presente y en primera persona.

Por todas esas razones, Los juegos del hambre constituyen una trilogía distópica moderna ineludible, que además ha dado lugar a cuatro películas (sí, sí: de nuevo el último libro se dividió en dos películas) realizadas con una solidez poco habitual en el género.

En la primera entrega, el director Gary Ross (Pleasantville) tomó algunas decisiones estéticas que pueden incomodar a algún espectador y hacer que ciertas escenas se perciban como confusas y aturulladas. A partir de la segunda entrega, En llamas, el director Francis Lawrence (Soy leyenda) hizo un trabajo mucho más convencional, con una caligrafía limpia que permite centrar la atención en la historia que imaginó Suzanne Collins.

A pesar de las lógicas limitaciones del medio y de los cambios inevitables en cualquier adaptación, tanto En llamas como Sinsajo contienen algunas escenas de gran fuerza expresiva que entusiasmarán a los lectores de las novelas.

Jennifer Lawrence (El lado bueno de las cosas), por supuesto, parece haber nacido para dar vida a la heroína Katniss Everdeen. El resto del reparto hace un trabajo excelente. Los efectos especiales, el diseño de producción y la fotografía están a la altura esperada, y la banda sonora, firmada por el incombustible James Newton Howard, es extraordinaria. Así que, si aún no has visto Los juegos del hambre, solo me queda una cosa por añadir: ¿a qué estás esperando?

Carteles originales de las cuatro películas, estrenadas entre 2012 y 2015.

Créditos de las imágenes

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¿Conoces alguna otra saga literaria juvenil reciente que haya sido adaptada al cine y se me haya pasado incluir en esta recopilación? ¿Qué opinas de las sagas de las que hemos hablado? ¿Las has leído o visto con tus hijos? Cuéntanoslo en los comentarios.

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